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ENTRE LINEAS

Contigo muero, sin ti también lo haré...

Contigo muero, sin ti también lo haré...

Tal día como hoy de hace veinte años te dejé de la peor manera que se puede abandonar algo. Queriéndote.

 

Destilaba hacia ti deseo,  una obsesión que parecía no tener fin y que se acrecentaba más y más cuando te tenía. Por eso separarme de ti  no fue fácil. Donde quiera que iba tu aroma me acompañaba penetrando hasta lo más hondo de mis entrañas y removiendo, una y otra vez, el aire de mis recuerdos. Recuerdos de días a tu lado en los que te saboreaba en mis labios, en los que te acariciaba con mis dedos, en los que sorbía hasta el último milímetro de tu cuerpo que siempre se ofrecía solícito. A mi y a tus millones de amantes con los que flirteabas descaradamente. Pero no me importaba porque yo tenía suficiente con esa mirada tuya, encendida, que se había apoderado de mi ser.

 

Sé, y de hecho lo sabía entonces, que de haber continuado contigo hoy sería un guiñapo, un muerto en vida. Me ibas consumiendo poco a poco y, paradójicamente, eso sucedía cuanto más te consumía a ti. Se convirtió en una lucha en el que uno de los dos no debía sobrevivir. O tu o yo. Y elegí vivir sin tu compañía.

 

Hoy y cada día como hoy, conmemoro nuestra separación sabiendo que tu me sobrevivirás, como la muerte lo hace con todos nosotros. Porque tu, en todas las formas que adoptas, eres la muerte.

 

Las comparaciones son odiosas

Las comparaciones son odiosas

 

Ella nació en Italia hace más de 41 años pero creció en Francia y Suiza.

 

La Otra nació en Ávila hace más de 47 años y creció, creció, creció…

 

Ella empezó la carrera de arquitectura y lo dejó a los 19 años para dedicarse a ser modelo de alta costura… y es que está muy buena.

 

La Otra es licenciada en derecho, pero se dedica al cante profesional en coros.

 

Ella habla cuatro idiomas: italiano, francés, inglés y alemán… debe tener una lengua que ya quisiéramos gustar los mortales.

 

La Otra habla, habla, habla y habla. Cuatro veces, para que no se diga.

 

Ella inició su carrera como cantautora en 2001 y al año siguiente editó un disco que fue un éxito mundial vendiendo más de dos millones de copias… ¡¡ Esa voz suave, como de susurro, buuufffffffffff!!

 

La Otra cantó en el coro universitario llegando a desempeñar con mucho éxito las funciones de soprano sustituta. Lástima que la titular no se constipase nunca. Nos hemos perdido una ‘Maria Callas’ nacional.

 

Por Ella han perdido la cabeza personajes tan variopintos como Eric Clapton, Mick Jagger y  Donald Trump, entre otros. No obstante su único hijo nació de su matrimonio con Raphaël Enthoven, filósofo y profesor de ciencias políticas… y es que es un pedazo de hembra.

 

La Otra, antes de casarse a los 20 años con su único marido, tuvo un novio en el instituto cuando hacía BUP.

 

Ella ha declarado que practica la poliandria… a mi particularmente no me importa compartir.

 

La Otra, ¡que remedio!, practica la ‘simplegamia’.

 

Ella ha hecho famoso al último presidente francés al contraer matrimonio con él en febrero de 2008… y eso que es más bajo que yo.

 

La gente conoció la existencia de la Otra cuando la vimos cantar en el coro de la televisión pública española y nos dijeron que era la esposa del actual presidente español.

 

Ella está casada con uno de los hombres más poderosos del mundo… y yo estoy muy recio que para eso voy al gimnasio.

 

La Otra está casada con uno de los hombres más poderosos de, de, de, de… ¡esta memoria me está fallando!

 

Gracias al marido de Ella, el cónyuge de la Otra se sentó en una silla de tijera en el G20.

 

A la Otra la invitaron las mujeres de Evo Morales y Hugo Chávez… pero no cantó en los coros nacionales.

 

El marido de Ella considera poco inteligente al marido de la Otra, sin embargo éste no para de sonreír (seguramente porque no entendería el idioma)

 

La Otra no sabemos porqué sonríe en un País de más de cuatro millones de parados.

 

Ella está muy rica.

La otra está.

 

Ella es Carla Bruni de Sarkozy.

La otra es Sonsoles Espinosa de Rodríguez.

Efemérides de abril

Abril de 1974. Acaban de reabrir la Facultad de Derecho de Barcelona después que la ‘autoridad’, ‘gubernativa’ por supuesto, hubiese decidido cerrarla dadas las continuas protestas estudiantiles que habían surgido las semanas anteriores por el ‘ajusticiamiento’ -a garrote vil- de Salvador Puig Antich y Heinz Chez en Barcelona y Tarragona. Ese mismo mes de abril un adolescente de diecisiete años, muerto de miedo, huía de la policía –a la que llaman “gristapo” o “los grises”- por una ventana del aula magna de la facultad de Derecho cuando los uniformados interrumpieron la clase de Derecho Político a garrotazo limpio contra todo lo que se movía -allí debían ‘moverse’ mas de cuatrocientos- y justo en el momento en que el profesor explicaba algo tan inocente como el Commonwealth.  El dómine intentaba pedir explicaciones de aquello al que parecía estar al mando de aquél pelotón de aporreamiento. Fue detenido por ello y llevado a las dependencias policiales de la Vía Laietana 43 (entonces Layetana) de Barcelona. Era un lugar que conocía bien porque no fue la única, ni última vez que iba. El profesor de Derecho Político (Constitucional para los mas avezados) era (es) Jordi Solé Tura .

 

 La represión que la agónica dictadura franquista desató aquél mes de abril, acabó con las tímidas expectativas de reforma política que dos meses antes preconizaba el gobierno ‘Arias Navarro’ y su Espíritu del 12 de febrero’. Sin embargo tal día como hoy pero  de aquél año, una revolución en el vecino Portugal, llenaba de claveles los tanques y fusiles del ejército sustituyendo su sonido de muerte por el de “Grândola, Vila Morena”  repetido una y otra vez por Rádio Renancença. De esa manera acababa una de las dictaduras más longevas del mundo, la salazarista.   Y a nosotros nos invadió una sensación de soledad. Bueno yo la verdad es que no me sentía solo. Es más, buscaba la soledad para navegar en un mar de hormonas, convenientemente azuzado por la lírica del amor. De mi primer amor recién nacido en ese abril.  Además si ahora la política me la trae al pairo, con mayor razón antes que era obligatorio no hablar de ella. Así que en aquél mes de abril era relativamente feliz.

 

 Luego vinieron otros abriles no tan alegres. El de 1976 fue el de mi incorporación al mundo laboral. Bueno, no exactamente. En realidad lo que acaeció fue mi advenimiento a la función pública dónde rápidamente  me imbuí de  la filosofía administrativa. Entendí la diferencia entre trabajar y “hacer permanencias en el trabajo”.  O el chascarrillo que día a día se repetía por despachos y pasillos, "ya que no hemos sido puntuales al entrar, al menos que lo seamos al salir". Años mas tarde,  en un mes de abril de 1987, me fui de la Administración (espero) para siempre, recuperando la ilusión por el trabajo.

 

 Ha habido abriles tristes. Tal día como hoy de hace trece años murió mi padre (¡cuánto te echo de menos papá!) Se fue el mismo día en que nació.  78 años.  Con él desapareció uno de los últimos maestros en el arte de la seducción. Un sibarita del lenguaje. Un gourmet de la palabra.  Un hombre elegante que encandilaba cuando te miraba con sus ojos verdes. Algún día si las ganas y el tiempo me lo permiten, escribiré acerca de él.

 

Y justo hoy falta un solo día para que se cumplan los mil cuatrocientos sesenta y uno, cuatro años, que nació “Entre Líneas”. Por eso me he puesto a recordar algunos retazos de mis abriles. Que ya son unos cuantos.

 

 

 

Tópicos

Tópicos

La pereza es origen de los peores males que acechan a nuestra especie. Lo que ocurre es que nos la tomamos a broma. El hecho de que sea considerada por los católicos como un pecado capital - y, ya se sabe, que todo lo que suene a doctrina religiosa es rápidamente denostado por la naturaleza humana que tiende a adorarse a si misma- rebaja mucho la categoría de infracción esencial. Además la molicie es vista con simpatía. Claro ¿qué va a hacer un sujeto o sujeta si está cansado? Evidentemente descansar y cuanto mas, mejor. La cara beatífica que se nos pone cuando andamos bien reposados es la demostración palpable de que entregarse a la flojera nos hace mejores.  Lo que ocurre es que si la holgazanería se prolonga en exceso aparece el sobrepeso y todos los males asociados a él como el colesterol, los triglicéridos y la incapacidad para luchar contra ellos. Todo ello por pura vagancia aunque nos vaya la salud en ello.  Así que, llegado el caso, echamos mano de la cirugía para que vuelva a moldear nuestras carnes y de las pastillas para franquear el paso de la sangre por nuestras arterias. También tenemos recursos cuando la haraganería se instala en nuestra capacidad –o incapacidad- de pensar porque, entonces, echamos mano de los tópicos.

 

Reconozco que he caído –y caeré-  en ellos por eso, cada vez que ocurre algo que ‘me rompe los esquemas’, lo considero un hecho de pura higiene mental. Así es un ‘tópico’ creer que la violencia doméstica –a mi entender mal llamada de ‘género’- era patrimonio de las clases más desfavorecidas social, cultural y económicamente. Es decir que esa lacra no llegaba al cinco por ciento de la población que una estadística casera indica es el porcentaje de los privilegiados. Pues bien uno de esos episodios ocurrido a principios de este mes rompió ese tópico y unos cuantos más.

 

La noticia es que el juez decano de Barcelona y su esposa –notaria de profesión- se enzarzaron en una pelea doméstica, denunciándose el uno al otro en el juzgado, denuncias por las que el fiscal de violencia doméstica solicita nueve meses de prisión para él y siete para ella amén de la consecuente orden de alejamiento de ambos, imagino para que no sigan con su particular manera de entender el “quid pro quo” . Pero no acabaron ahí de derribarse mis tópicos, no. Siempre había pensado que el matrimonio o la decisión de vida en común, era una decisión meditada,  propia de gente madura que toma ese vínculo como un compromiso duradero. Tampoco era así en la pareja. Ambos se habían casado en noviembre del año pasado. Todo un récord de convivencia. Para mas escarnio el ‘juez de jueces’ había llegado al decanato en marzo de 2008 tras un duro enfrentamiento electoral con su oponente a la que ganó por un solo voto, esgrimiendo los contendientes como bandera electoral, precisamente, la ley sobre violencia doméstica que ahora se aplica a la pareja. No os hablo del motivo de la disputa porque pelearse por  infidelidades si que es un tópico.

Definiciones

Definiciones

El día que el  Hombre empezó a buscar una definición a las cosas fue cuando empezó a confundirlas.

Fiebre

Fiebre

Tengo fiebre, reacción lógica de mi cuerpo a un proceso gripal. Pero por muy normal que sea, cada vez que me ocurre –que son pocas, afortunadamente-, cada vez que enfermo me pongo de mal humor, no por el desarreglo en sí, sino por sentirme vulnerable. No me gusta notar mi debilidad y aparecer, más que nunca, como mortal. Lo único que consuela un poco es saber que podría ser peor. Así que para no caer en la depresión que es el siguiente paso a mi estado, me voy a leer el periódico, sección  necrológicas.

 

Lo verdaderamente importante

Lo verdaderamente importante

 

Por mucho que nos digan que lo importante es el interior, no es verdad. Desde mi experiencia puedo afirmar que no es así. Todos se fijan en mí por la belleza, porque soy brillante, esplendoroso. Se que les gusto sobremanera al género femenino y a algunos miembros del masculino. También, aunque de ello no hice una estadística, al género híbrido. Ellos, ellas y ello me admiran por la hermosura de mis formas y es que realmente soy una preciosidad que no se apaga con el tiempo. A pesar de él conservo  mi extraordinario aspecto. Por eso son muchas las que pierden la cabeza por llevarme con ellas y yo, sabedor del poder de mi seducción, me dejo llevar con la seguridad que me da conocer que tendré un lugar de privilegio en sus cuerpos.  Y es que me quieren aún a pesar de los años y de que gane en peso y volumen. Es más, eso es un motivo para que me adoren aún más si cabe. Cuanto mas peso, más locas se vuelven por mi.

 

Lo único que lamento es  no tener un cerebro para poder disfrutar de ello.

No puedo vivir sin ti

No puedo vivir sin ti

 

Fue algo inesperado y nunca pensé que me llegaría a pasar pero, una vez mas, fui consciente de que todo llega a su fin por mucho que me hubiese empeñado en soñar en una vida junto a ti. El viernes te perdí para siempre. Irremediablemente. Cuando supe de tu abandono, te busqué por todas partes, desandé lo andado juntos, visité lugares comunes con la vana esperanza de encontrarte en alguno de ellos, pero ya no estabas allí. Intenté comunicarme contigo, recibiendo a cada llamada un silencio atronador que golpeó fuertemente mis sienes. Ya no estabas, ya no eras para mí.

 

Entonces tuve una sensación que imaginé era igual a la de Adán cuando fue expulsado del Paraíso. Me encontré desnudo sin tu presencia. Abandonado.

 

Fui preso del desamparo por no poder cogerte en mi mano y que me abrieses una ventana al mundo y, quién sabe, al Universo.

 

Se acabaron las conversaciones susurradas, los gemidos de placer. Se acabó la risa. Se acabó el llanto. Se acabaron aquellas imágenes. Contigo se ha ido una parte importante de mi mundo que sé va a ser difícil recuperar.

 

Pero la vida continúa y porque sé que sin ti no puedo vivir,  ese mismo viernes te sustituí por un móvil HTC Touch Diamond. Ahora es un objeto vacío pero estoy seguro que muy pronto estará otra vez lleno de vosotr@s.

 

 

P.S. A tod@s l@s que leéis y sabéis que va dirigido este escrito,  sed amables y enviadme un mensajito a mi móvil (sigo teniendo el mismo número) con vuestro número y poder recuperaros. Un beso.

El sueño de la realidad

El sueño de la realidad

Sabe que es un sueño.
Solo un sueño.
Pero, aún así, sabe que no debe soñar con él.
Que no le corresponde soñar con él.
Que no puede soñar con él.
Demasiado riesgo por un sueño.
Demasiado compromiso por un sueño.
Demasiado peligro por un sueño.
Al fin los sueños se desvanecen cuando llegan las tinieblas de la realidad para quedarse.
Se evaporan cuando la realidad se solidifica.
Se malgastan cuando tropiezan una y otra vez con la realidad.
Es entonces cuando aparecen los espejismos.
Cuando brilla la inquietud.
Cuando resplandecen las pesadillas.

¡Quiero mi “ventresca”!

La verdad es que el tema sobre el que quería escribir hoy estaba relacionado con el vídeo que ilustra estas páginas, pero el sábado me sucedió un hecho que quiero comentar. Veréis. Muchos sábados por la mañana tengo la costumbre de acercarme al supermercado de “El Corte Inglés” –concretamente el de la Diagonal de Barcelona, claro- a comprar pescado. Me gusta ver de primera mano las “novedades” que nos aporta el Mediterráneo o el Atlántico a la vez que compruebo que es lo que me voy a comer. No es porque no me fíe, no, es que disfruto siendo aconsejado por el esforzado pescadero o pescadera de las bondades gastronómicas de las primicias marinas. Además no hay vez que no pille alguna receta del coquinero referente a cómo se puede –o debe- cocinar el fruto del mar en cuestión.

 

Pues bien este sábado pasado había un tumulto de gente en el tenderete de la pescadería que no se correspondía ni con la cuesta de enero ni con la crisis. La masa humana me impedía acercarme al expendedor de números por el camino más directo, así que tuve que dar un rodeo por los pasillos de las mermeladas que eran los que parecían estar más expeditos. Me colé por uno de ellos y, cuando ya enfilaba con el carro para la salida de los entre expositores, una pareja alta y angosta acompañada de tres pequeños energúmenos que sin duda eran hijos suyos cosa que deduje por el corte de pelo y de ropa, me impedían el paso. Así que le dije al ínclito caballero –era él el que en realidad mas estorbaba- que si hacía el favor de dejarme pasar. Nada, ni caso. Como si no existiese. Total que alcé mi vista –me pasaba una cabeza- al sujeto y le repetí ya en voz más alta el requerimiento. No sé porqué razón aquellos individuos me estaban resultando familiares, como si los hubiese visto en algún lugar. Conocidos míos seguro que no eran porque no he tratado nunca con personas de tanta altura, así que debía ser por alguna otra razón. Bueno, con esa sensación estaba, cuando por la parte posterior de las estanterías aparecieron dos individuos con aspecto de anuncio de “Emidio Tucci” y otros dos de igual guisa por la salida de la parte delantera de las gavetas por lo que aquello se convirtió en un paso infranqueable.

 

Empecé a creer que aquella pareja eran los padrinos de algún clan mafioso que, para dar apariencia de normalidad, iban los sábados por la mañana con sus hijos al supermercado acompañados, eso si, por una recua de guardaespaldas (porque aquellos seguro que eran guardaespaldas) Ya me veía yo encarándome con aquél sujeto que no dejaba acercarme al número de la pescadería para hacerme con un pedazo de “ventresca” de atún a la que le había echado el ojo nada mas visualizar los ‘casi’ cadáveres de pez. Finalmente, sin mirarme, se apartó lo justo para que el carro pudiera pasar. ‘Que tipo más agradable’, murmuré entre dientes devolviéndole la “no mirada” (entre otras cosas porque me quedaban muy altos sus ojos). Me fui raudo hacia el expendedor de números. Cuando iba a coger el número coincidí con una señora a la que, amablemente, le cedí el turno de estiramiento numérico. A mi me tocó el noventa y cuatro. Me arrepentí ya que la señora del noventa y tres, después de que habían pasado más de cuarenta números sin que el codiciado interior del atún se hubiese movido, me  arrebató la deseada “ventresca”. Tuve que conformarme con comer aquél día una lubina a la sal. Salvaje, eso si. Y todo por culpa de aquella pareja que me había frenado en mi carrera hacia un número mas bajo.

 

Llegué a casa. Enchufé el ordenador para escribir sobre la belleza de las montañas cubiertas de nieve, lo agradable que es deslizarse por ellas cubiertas de aquél polvo (de nieve) y colocar el vídeo adjunto a este escrito,  cuando me apareció la foto de aquella familia que había abortado mis deseos culinarios. Y me trastocó los planes de escritura porque a modo de “wanted” quiero ver si alguien reconoce a los referidos sujetos para reclamarles mi “ventresca”. Ahí os dejo la foto .

 

Cosas que no haré en el nuevo año ... ni nunca

Cosas que no haré en el nuevo año ... ni nunca

 

 

Cuando empieza el nuevo año lo cargamos de objetivos que nos proponemos cumplir a lo largo de sus trescientos sesenta y cinco o sesenta y seis días. A mi me ha llegado el momento de la vida en que hago el ejercicio al revés. Es decir, sé exactamente todas aquellas cosas que no voy a hacer en el año nuevo e, incluso,  en el resto que me quede de vida. Ahí escribo unas cuantas.

 

·        Ir en bicicleta por la Vía Láctea.

·        Esquiar en el Himalaya.

·        Participar en el concurso de saltos de esquí de Garmisch-Partenkirchen el primero de enero.

·        Dirigir la Filarmónica de Viena en el concierto de Año Nuevo.

·        Cruzar el océano Atlántico (o algún otro) navegando en solitario.

·        Volver a tener la misma edad de hace un año.

·        Cambiar mi estado civil. (*)

·        Dibujar palabras de amor en la piel deseada.

·        Cerrar los ojos para soñar despierto.

·        Ponerle nombre a una fantasía.

·        Sonreír al verme reflejado en unos ojos.

·        Escuchar melodías compuestas por el susurro de unas palabras que te despiertan al despuntar el día.

·        Pensar cual será el presente.

·        Saber cómo fue el futuro.

·        Viajar en el Tiempo.

·        Pedir perdón –de corazón- a todas las personas a las que hice daño.

·        Despedirme de los 7.000.000.000 de habitantes –o los que sean- del planeta Tierra.

·        Aparecer en un programa de televisión para declararle mi amor a alguien.

·        Escribir el último libro del Universo.

·        Dejar que el Tiempo pase por impedir que se quede.

·        Regresar a las estrellas en una alfombra mágica.

·        Descubrir el centro de la Tierra.

·        Empeñar la realidad en la ficción del mundo virtual.

·        Amar a quién amé.

·        Sentarme –acompañado- en una nube.

·        Congelar el fuego con  mis manos.

·        Hacer que el hielo se vuelva incandescente al escuchar el corazón.

·        Comprender ausencias no queridas.

·        Llenar vacíos ocupados.

·        Besar labios cautivos.

·        Sembrar en tierra baldía.

·        Averiguar si amanece la noche en que me vaya.

·        Observar el crepúsculo la mañana en que ya no esté.

·        Entender –de una vez- qué significa “ser muy amig@ de mis amig@s”

 

 

Y es que llega un momento en la vida que estás muerto.

 

(*) Por mucho que pienso no logro discernir cuál es el estado civil de un muerto. ¿Tal vez ‘viudador’? 

 

 

El buen partido

Supe por primera vez de los Amish cuando ví la película “El único testigo” protagonizada por el ‘indiánico’ Harrison Ford. En aquél tiempo, finales de los ochenta, me llamó la atención la forma de vida de aquella Comunidad cuyo reloj evolutivo se había parado en el siglo XVIII. Especialmente me chocaba el que sus integrantes cohabitasen, en su mayor parte, en una sociedad tan avanzada como la norteamericana. Ellos, que rechazan cualquier avance tecnológico –no tienen televisión, ni coche, ni lavaplatos- aceptan como ‘voluntad de Dios’ cualquier malformación genética que puedan transmitir a sus hijos, que pagan sus impuestos religiosamente (sic) –que en eso los americanos no perdonan- y se oponen a ser tratados conforme dictan las normas de la Medicina moderna,representaban para mi la mirada idílica y rebelde de la vida contra la imposición implacable e inevitable de la tecnología.

 

Claro que el estar anclado en los albores de la Revolución Industrial como les ocurre a los Amish, significa estar fondeado también en sus costumbres sociales y, muy especialmente, en cuanto al reconocimiento de la mujer como sujeto de derechos. El machismo impregna cada uno de sus actos. Eso, para un padre de dos hijas como yo, es un elemento lo suficientemente disuasorio como para adoptar la manera de ser de la citada Comunidad. Ni imaginar ir a vivir, si quiera, entre flores y pinos, no vaya a ser que nos saliese alguna alergia por aquello del polen. Así que el coqueteo con los Amish se limitó a ver en familia como Harrison Ford se beneficiaba a la maciza señora Amish al ritmo de What a wonderful world this would be” y pensar en lo afortunados que éramos en nuestro mundo que tanto había avanzado en el reconocimiento de los derechos de las mujeres salvo sino fuese por los descerebrados que se empeñan en vivir en la época de las cavernas.

 

En esa idea de progreso estaba cuando en verano del dos mil siete visitamos la capital Amish de Pensilvania, New Willintong y constaté que, mientras los hombres de la Comunidad departían con los de su género en el “saloon”, la mujer, incluso las niñas amish se dedicaban al comercio de “cookies” y otros productos artesanales en los tenderetes de la ciudad (el vídeo que ilustra este escrito es una prueba de ello) Ver estas costumbres me hizo sonreír creyéndome afortunado al saber que mis hijas no serían sometidas a esa “esclavitud machista” por sus futuros compañeros. Que ellas tendrían ‘mejor partido’ que cualquiera de esas mujeres.

 

Hace unos días hablaba de ello con mi hija mayor que anda de amores con un muchacho. Un buen muchacho. Recuerdo que la conversación con mi hija empezó porque yo estaba hablando con alguien con quién empleé el término “buen partido” en el sentido que los de mi generación le damos a dicha expresión es decir, una persona de posibles, de riqueza material, bien situada socialmente. Mi hija me preguntó por el significado del término “buen partido”. Le expliqué lo que significaba. Ella me miró a los ojos, sonrió como si acabase de escuchar un anacronismo de alguien “mayor” y dijo:

 

-         Papá, un “buen partido” no es el chico que tiene mas dinero, ni mejor posición social. Un buen partido, para mi, es un chico que está por ti, que te cuida, que te dice ‘te quiero’ mirándote a los ojos y sientes que es así. Un buen partido es un chico trabajador, estudioso y que le gusta hacer deporte. Que no se drogue, ni fume, ni beba en exceso. Que le guste pasear contigo bajo las estrellas, que se embelese mirándote y que no te engañe con otras. Eso, papá, es un “buen partido” porque los “buenos partidos” todo lo podían comprar con su dinero. Incluso el afecto.

 

Después de escucharla pensé en la comunidad Amish regocijándome en la fortuna que tengo al haber superado la revolución industrial.

Los besos nunca mueren

Los besos nunca mueren

Hay algo más lleno de tránsito que una tarde de domingo y es una noche de domingo de otoño entre noviembre y diciembre. Miraba viejas fotos y me encontré con la que hice, bueno, nos hicieron un frío día de otoño tal vez como hoy.

 

Es un beso.

 

Un cálido beso que derrite el gélido aliento del olvido, licuándolo en gotas de nostalgia en los ojos.

 

Ese beso me hizo reflexionar de lo poco que lo haces cuando te fundes en uno de ellos.

 

De que siempre significa principio nunca final, porque jamás un beso nace para ser el último.

 

Pensaba en la frescura de ese beso con más de treinta años.

 

En el aliento compartido en los momentos de incertidumbre.

 

En la caricia de dos lenguas cuando aparece el dolor.

 

En los que habían de venir y que eran el preludio que hizo cambiar de nombre la felicidad, tornándola en Valldeflors y Rosa, nuestras hijas.

 

Es un beso sentido, espontáneo cazado por algún amigo o amiga que intentó inmortalizarlo. Vano intento porque los besos nunca mueren.

Alergias

Alergias

Manejamos tan bien las palabras, le damos tantos giros, las queremos hacer bellas, opulentas, intentamos engrandecerlas, las suponemos, superponemos, las damos a entender, las dejamos entrever, las escondemos, las silenciamos, las escatimamos tanto, que al final no las sabremos asimilar cuando las tengamos en nosotros, como las alergias. Lo malo es que no las rechazará nuestro cuerpo, sino nuestra alma.

Recuerdos

Recuerdos

Muchas veces pienso en cómo era hace unos años. Voy hacia atrás en la memoria del tiempo para ver con rotunda nitidez episodios muy remotos de mi vida. Puedo remontarme a la niñez con cierta facilidad convencido que el personaje que imagino era yo. Pero no es así. Lo que estoy recordando son recuerdos. Estoy viendo mi pasado próximo, la última memoria que tengo de aquella escena que tanto impactó en mi niñez, en mi adolescencia o en mi madurez. Recuerdo un recuerdo de quién era con la certeza de saber que aquél no era yo. Los recuerdos se deforman cada vez que acuden a la memoria y ya no sabemos quiénes somos o de dónde venimos, aún así nosotros seguiremos pretendiendo saber dónde vamos.

Infeliz cumpleaños

Infeliz cumpleaños

En diversas ocasiones he dejado constancia en estas páginas de mi posición ante la realeza española . Hoy quiero recordar a la “coronada madre” (léase en los sentidos que procedan) por dos motivos. El primero es porque hoy es su septuagésimo cumpleaños y, el segundo menos conmemorativo, es porque la señora en cuestión ha opinado en determinadas cuestiones socialmente sensibles en un libro que se ha escrito sobre su persona.  Así ha dado su opinión de los matrimonios homosexuales, la eutanasia, el aborto  y otros asuntos que suelen encender la discusión entre los españoles.

 

El revuelo que se ha organizado ha sido considerable. Unos porque entienden que la soberana debería haberse guardado unas ideas que no siguen la línea oficial, es decir, la “políticamente correcta”,  otros porque esgrimen la libertad de expresión de la coronada para decir lo que le venga en gana y el gobierno por su lado, ha terciado en el enfrentamiento, aludiendo a la intachable  trayectoria profesional de la noble.

 

Lo cierto es que a la señora se le está pagando un sueldo para que reine para todos, homosexuales, lesbianas, heterosexuales, cristianos, apóstatas, ateos, agnósticos, derechas e izquierdas. Cualquier opinión que emita en contra de las creencias o manera de actuar de unos u otros debe ser considerado como una actitud discriminatoria por quién debe mantener una absoluta neutralidad. Y no vale esgrimir su libertad de expresión como “cualquier persona normal”. Quién es coronada por derecho de entrepierna no goza de libertad y, mucho menos, de libertad de opinión. Ese es el precio que tiene que pagar por ello. Eso es lo que se le exige por el lugar que ocupa. Si quiere emitir opiniones me parece bien que lo haga, pero no desde el trono. Si quiere ser una persona normal que lo sea, pero no desde la ventaja que le proporciona el ser soberana. En consecuencia si su finalidad es ser una persona corriente, debería renunciar a su posición y ponerse de una vez por todas a hacer lo que hacemos las personas de tal condición, trabajar. La coronada ha cometido una grave negligencia profesional –otra mas- actitud que en nuestro derecho laboral es sancionada con el despido,  y por ello debe ser enviada al paro (no subsidiado) por los españolitos y españolitas.

 

Marichalar cómo te echamos de menos.  Tu si que eras un profesional como la copa de un pino.

 

Tener un hijo

Tener un hijo

 

El verano pasado mi hijo Alejandro, cumplió 4 años, y, cuando  sopló las velas, mi mujer y yo le dijimos:

                                     -Cariño, pide un deseo. A ver, ¿qué has pedido?

Y el niño nos mira así, todo ilusionado, y nos dice:

                                     - Una play station o un hermanito.

Y mi mujer y yo nos miramos. y dijimos:

                                      -   "¡Joder, la playstation son ochenta mil!"


Así que fuimos a por la parejita. Si lo llego  a saber, va ella sola. Hay que ver lo rápido que se queda embarazada una novia,  y lo que cuesta dejar embarazada a tu mujer.  ¡Es verdad!. ¡Tu llevas un mes saliendo con una chica, estás parado, le caes  mal a sus padres, no te quitas el condón ni para ducharte. Y la dejas  embarazada a la primera!
. Ahora, como vayáis a por el niño. Es mas fácil sacarla de  España de tanto empujar, que dejarla embarazada..! Eso si, os ponéis los dos  muy melosos:  Velitas, incienso, música de saxofón. porque piensas: "Vamos a hacerlo con mucho cariño para que sea fruto del amor" Después de seis meses sin que se quede embarazada dices: "A ver si va a ser mejor que sea fruto de un polvo".

Sí, porque pasa como con el fútbol. Jugar bonito le gusta a todo el mundo, pero lo que cuenta es meter gol. Así que vais a consultar al ginecólogo y el tío te dice:

                                           -Esto es normal. Tenéis que insistir más.

Total, que te receta los polvos como si fueran Frenadol:

                                           -Tres al día cada 6 horas.

Cuando llevas dos meses a este ritmo, te quieres morir. Lo peor es la semana de ovulación.. Porque, por lo visto en  esos días sube la temperatura. y eso aumenta la fertilidad. Así  que mi mujer está todo el día con el termómetro. Y claro, de repente, estás en medio de una reunión y suena el teléfono:

                                         - Cariño, me ha subido. Vente corriendo. Tiene que ser ahora mismo.

Y a ver como se lo explicas a tu jefe:

                                        - Mire, me tengo que ir., es que a mi mujer le ha subido la temperatura.

                                       - ¿Y no puede atenderla un médico?

                                       - Hombre. es que preferiría que el niño fuera mío.

Y llegas a casa y te la encuentras ya desnuda y preparada,  que dices:

                                       - "Jo, yo así no puedo! Esto es como comer pipas peladas.!".

Y es que ella no piensa en otra cosa. ¡Coño, que parece un tío!  Y yo me siento como una máquina. Vamos, que cuando terminamos  me dan ganas de decirle:

                                       - "Su espermatozoide, gracias!.

Y, encima, todo el mundo te da consejos: Hacedlo en la postura del misionero, con luna llena; que ella  se ponga un cojín debajo y que después de hacerlo se pegue media hora tumbada con los pies en alto. ¡Joder! ¡La pobre! Es la primera vez que soy yo el que tiene que decirle a ella:

                                     - "¡Aguanta, aguanta un poco más!"

Al final, cuando vimos que no había forma, volvimos al  médico, y va y me dice:

                                     - Bueno, pues, lo mejor va a ser que se haga un análisis de  semen, porque puede que tenga usted pocos espermatozoides.

Qué tú piensas: "¡Coño, seis meses.. a seis polvos diarios..! ¡lo que me extraña es que me quede alguno!".

Y el médico:

                                     - Aunque también podría tratarse de astenospermia. Lo que se  conoce como..."Espermatozoides vagos".

Y mi mujer:

                                     - ¡Buah.! ¡Pues va a ser eso.! Porque se pasa el día tocándose los huevos.

Y el otro:

                                     - Usted no se preocupe, que si es eso, podemos extraerlos e implantarlos en el óvulo.

¡Si hombre.! Una cosa es que sean vagos. y otra ponerles taxi para recorrer doce centímetros.!

Y el médico:

                                    - Es que ésto es muy difícil. Tenga en cuenta que de millones de espermatozoides sólo puede ganar uno.

                                    - ¡Mira, como en Gran hermano!


El caso es que tienes que hacerte el análisis. Te meten en  una habitación con un vasito y un montón de revistas porno. Y tú te sientas allí,  a ver si se anima.  Pero estás mirando un montón de fotos de tías en pelotas y lo único que piensas es: "¡Huy!, fíjate ésta... con las caderas tan estrechas va a tener problemas en el parto, ¿eh?... ¡Huy!, esta otra..con toda la silicona que se ha metido... ¡a ver como amamanta al niño!"

Y encima, mi mujer desde fuera:

                                  - Cariño! ¿Has terminado ya? ¡En casa no aguantas tanto!

Total, que al final, con mucha buena voluntad consigues llenar el vasito. Pero luego te pasas toda la semana jodido mientras esperas los resultados.  Lo peor de todo es que empiezas a dudar de que el niño que ya  tienes sea tuyo. Miras al niño y piensas: "Sí, de acuerdo, Alejandrito es clavado a mí, pero yo tengo una cara muy corriente". Y te acuerdas de esa insistencia de tu mujer en ponerle Alejandro. "¿Qué pasa, que Santi no es bonito?"

Y ya para colmo es cuando llega tu suegra y le dice:

                                  - ¡Ay, que niño tan listo.! ¿A quién habrá salido?

Qué ahí ya dices:

                                  - ¡Coño, es verdad.! ¡A ver si tampoco va a ser de mi mujer!

Pero de pronto reaccionas:  ¡Joder, me estoy emparanoiando! ¡Alejandro es mío!  Hay que tener en cuenta que, en aquel tiempo, dejarla  embarazada era más fácil: Yo estaba en paro, mis suegros me odiaban, me ponía condón.  ¡Coño, lo teníamos todo a favor!  Al final nos dieron los resultados y por lo visto, no me pasa  nada. Lo que tengo es estrés. Así que le he comprado al niño la Playstation; a  ver si jugando me relajo un poco.

 

(Por Andreu Buenafuente)

 

Crisis

Crisis

 

Ya no tengo interés en las mujeres a pesar de que mis inversiones lo fueron en valores seguros.

 

Tampoco en los hombres. Nunca me resultaron rentables.

 

Mucho menos en los híbridos. No saber en dónde coloco mis utilidades me produce incertidumbre.

 

Me pregunto si existirá algún plan de financiación que reactive mi economía. 

 

No deberías

No deberías

 

Estás ahí y no deberías.

Los sentimientos que mueren, muertos están y sé que no vuelven.

Y no creo en fantasmas.

Mucho menos en los de mis pasiones vividas, tan reales, tan vivas, tan intensas.

Por eso no entiendo cómo te siento cerca y dedico este tiempo a escribir sobre ti.

Son unas pocas líneas que, como tu,  no deberían estar ahí.  

 

Exámenes

Exámenes

 

Soy consciente de mi desatención a este lugar desde algo antes del verano. Confieso que muchos de los escritos que he ido insertando eran “enlatados” de hace algún tiempo o rescatados de la papelera de reciclaje y que envié allí en los momentos de limpieza de pasado.

El motivo de mi desatención no era otro que el de preparar un examen. Si, si. Un examen. Y no un examen cualquiera. La cosa es como sigue. Resulta que a primeros de año decidí inscribirme a un Curso (obviaré la materia porque no viene al caso) un post-grado a distancia de esos que ofrecen a las empresas para formación de sus trabajadores y que, a aquellas les sirve para su deducción de cotizaciones sociales y a los otros para obtener un título que les habilite oficialmente para realizar cualquier actividad que probablemente no utilizarán en la empresa donde están. Lo cierto es que me apunté no porque necesitase acumular otro diploma a mi currículo, sino por simple vicio profesional, porque la materia me resultaba atractiva y porque, iluso de mi, pensaba que si lo abandonaba o no superaba las pruebas no pasaba nada. Sin tener la presión que hace la necesidad, pensaba, el aprendizaje sería mucho más sencillo. Craso error el mío por partida triple. El primer error fue suponer que el hábito de estudiar, de preparar ejercicios y exámenes no se pierde nunca. Que era como ir en bicicleta, que una vez pedaleas sin la ortopedía de las ruedecitas de atrás, ya no se te olvida nunca por mucho tiempo que hayas estado sin montar. Pues no. El último título “serio” que obtuve, o que me tomé en serio, fue el de patrón de yate allá por el año 1998 y ya me costó lo mío. Pero ahí si que tenía algo de presión y, añado, pasión por poder navegar sin ir “de prestado” con amigos o familiares. He de decir que diez años llegan a anquilosar ciertos hábitos y el del estudio es uno de ellos.

Pero ese no fue mi error más importante. Mi error, mi otro doble error, fue pensar o, mejor dicho, no pensar que un padre con dos hijas, una de ellas iniciando su último curso en la universidad con veintiún años –una auténtica mente privilegiada- y, la otra, en plena adolescencia -siendo “machacada” día si y otro también por el que suscribe en el tema de su tercero de ESO- no iban a someter a su “papaíto” a un férreo marcaje en el tema del post-grado. Vamos que como suspenda lo voy a tener claro por aquello del que “hay que dar ejemplo”. Así que ya podéis imaginar la presión a la que me he sometido y el hartón de estudiar que me dado hasta este sábado que fue el examen, el sencillo. El de mis hijas, el importante, cuando les diga la nota.